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Relatos eróticos

Excítate con nuestros relatos eróticos. Historias casi porno para coger ideas y hacer de tu vida sexual rutinaria en un paraíso de instintos. Sexo imaginativo para mentes que desean vivir fantasías.

La confesión de la maestra ( y VIII)

Quien piense que R es sólo un adolescente que se trague sus escrúpulos morales y que, por una vez en la vida, se vaya con él a la cama. Si es una mujer, que se deje llevar por R. Que no diga que no si R quiere metérsela en la boca. Que no se niegue a sentir en su ano la lengua juguetona de R. Que no se sorprenda si la boca de R pone su coño en ebullición. Y si es un hombre, que tome buena nota.

La confesión de la maestra (VII)

Clavé entonces mis dedos en las nalgas de R y, empujando con todas mis fuerzas con la pelvis, hice que su polla chocara contra lo más hondo de mi coño. Ese golpe hizo que me estremeciera entera y, de nuevo, sentí esa oleada de fuego que antecede al placer recorriéndome de la cabeza a los pies.

La confesión de la maestra (VI)

Lo que había sido inicial timidez se había transformado en una especie de torbellino que parecía querer sorberme hasta las entrañas. Notaba cómo la pasión se había desatado en él por la fuerza con la que se aferraba a mis muslos. Yo lo cogí por el pelo y lo obligué a no separa ni un momento su lengua de mi coño. Éste palpitaba como un corazón desbocado.

La confesión de la maestra (V)

La primera vez que toqué la polla de R parecía un pajarillo asustado. Le hice venir a mi despacho para comentarle un trabajo que yo misma había encargado, maliciosamente, sobre el David de Miguel Ángel. Me costó poco llevar la conversación hacia donde me interesaba: hacia el tamaño de los genitales del bello macho que Miguel Ángel había esculpido sirviéndose de un impresionante bloque de mármol de Carrara.

La confesión de la maestra (IV)

Yo, para gozar del sexo, necesito que una polla me ocupe la boca, el culo o la vagina. No soy exigente en cuanto al tamaño de esa polla pero sí en cuanto a su presencia y dureza. El sexo para mí es eso: una polla que se mete en mi boca, una polla que entra y sale de mi coño, una polla que se derrama dentro de mi culo, una polla que se corre sobre mis pechos o mi rostro.

La confesión de la maestra (III)

Habíamos llegado a ser, en cierto modo, los amantes perfectos. Nos intuíamos. Sabíamos lo que el otro necesitaba en cada momento: tomábamos y cedíamos el control de la situación sin necesidad de pronunciar una sola palabra, las pieles parecían hablar el mismo idioma, los cuerpos parecían conocerse a la perfección. Así, tan pronto era él quien tomaba la iniciativa de ponerme a cuatro patas para lamerme el coño mientras metía uno de sus dedos en mi culo como era yo quien lo obligaba a tumbarse boca arriba para mordisquearle los cojones…

La confesión de la maestra (II)

Habíamos llegado a ser, en cierto modo, los amantes perfectos. Nos intuíamos. Sabíamos lo que el otro necesitaba en cada momento: tomábamos y cedíamos el control de la situación sin necesidad de pronunciar una sola palabra, las pieles parecían hablar el mismo idioma, los cuerpos parecían conocerse a la perfección. Así, tan pronto era él quien tomaba la iniciativa de ponerme a cuatro patas para lamerme el coño mientras metía uno de sus dedos en mi culo como era yo quien lo obligaba a tumbarse boca arriba para mordisquearle los cojones…

La confesión de la maestra (I)

… mi coño, para bien o para mal, no ha sido creado para guardar un luto demasiado largo a un cipote por mucho que ese cipote me gustara en su momento, por mucho que lo hubiera convertido en el centro de mi vida, por mucho que me hubiera dejado exhausta de orgasmos, saciada y resaciada…

La bibliotecaria (Final) – Relato erótico

… sentí cómo uno de sus dedos entraba en mi ano, cómo dibujaba circulitos cada vez más grandes dentro de él, cómo el agujero que yo siempre había considerado unidireccional se relajaba y empezaba a prepararse para recibir la visita de aquel aparato de silicona que mi bibliotecaria fue acercando poco a poco a aquel trémulo agujero…

La bibliotecaria (VII) – Relato erótico

…Algo dentro de mí me decía que todo lo que Amanda me ordenara sólo tenía un fin: conseguirme el placer más intenso que nunca antes hubiera podido experimentar. Por eso me dejé inclinar sobre la mesa con los pies atados a las patas de la misma y las manos anilladas a la pared junto a la que aquélla estaba. Por eso tirité de placer cuando sentí la lengua de Amanda recorriendo el círculo convulso y estremecido de mi ano…

La bibliotecaria (VI) – Relato erótico

En esta VI parte del relato La Bibliotecaria podrás descubrir más detalles sobre la relación erótica que mantienen una bibliotecaria de barrio y un usuario de la biblioteca a partir de la lectura de la novela «Historia de O», de Pauline Réage. En esta nueva entrega, el protagonista masculino del relato descubre dentro de sí ciertas pulsiones sumisas.