Las fantasías sexuales forman parte de la vida de la mayoría de las personas. Investigaciones como las de Justin Lehmiller muestran que entre el 95 y el 98% de las personas han tenido fantasías sexuales en algún momento, y que estas cumplen funciones de excitación, escape y exploración personal.
Al mismo tiempo, la tecnología, la pornografía y las nuevas formas de comunicación están transformando tanto el contenido de esas fantasías como la manera en que se comparten: del chat erótico al Kamasutra modernizado, se tejen tendencias que van desde el sexo oral y los tríos hasta la interacción con IA erótica y juguetes inteligentes.
La universalidad de las fantasías
Los estudios contemporáneos sostienen que fantasear es casi universal. Lehmiller, a partir de encuestas amplias, subraya que las fantasías son comunes y forman parte de la vida sexual saludable de muchas personas.
Encuestas comerciales como las de Lovehoney (2022, 2023) confirman que una gran proporción de la población reconoce tener fantasías; en su muestra global, cerca del 65% admitió fantasear, con fantasías frecuentes como el sexo romántico, el sexo apasionado y el sexo oral.
Es importante recordar que los porcentajes varían según la metodología: estudios nacionales representativos, encuestas comerciales y muestreos en línea dan cifras distintas, por lo que conviene interpretar las comparaciones con precaución y revisar la metodología de cada fuente.
Tendencias recientes en contenido de fantasías
Los análisis periodísticos y encuestas de 2024 y 2025 apuntan a novedades en el imaginario erótico: un aumento de fantasías sobre grupos o tríos, dinámicas de poder consensuadas (BDSM) y la exploración de tabúes reconceptualizados.
También emergen fantasías ligadas a la interacción con IA y compañías virtuales, un fenómeno descrito por medios como El País y reportes tecnológicos que observan cómo la tecnología reconfigura deseos y escenarios eróticos.
La visibilización influye en la normalización: la escritora Gillian Anderson, al recopilar 1.800 fantasías anónimas, dijo que ‘pensé que habría menos vergüenza’, destacando cómo compartir reduce tabúes y contribuye a que deseos tradicionalmente silenciados, en especial los femeninos, salgan a la luz.
Sexting, chat erótico y la llegada de la IA
El sexting es ya una práctica extendida: encuestas agregadas de 2023, 2024 muestran que una gran mayoría de adultos ha enviado o recibido mensajes sexuales en algún momento, y la literatura cualitativa lo describe como una forma de ’emotion work’ regulada por normas sociales y afectivas.
Paralelamente, los chatbots y las IA eróticas han ganado terreno como nicho comercial: startups y servicios pagados ofrecen compañía y conversaciones de corte sexual, lo que ha alimentado tanto interés como debates éticos y regulatorios.
Las empresas tecnológicas han implementado cambios de política (por ejemplo, en Character.AI o Replika) y existen discusiones sobre verificación de edad, límites de contenido y riesgos psicosociales; la regulación emergente busca equilibrar innovación y protección, sobre todo frente al riesgo para menores.
Sexo oral: prevalencia y riesgos sanitarios
El sexo oral es una fantasía y práctica muy extendida. Según el CDC (actualizado en febrero de 2024), más del 85% de adultos sexualmente activos entre 18 y 44 años en EE. UU. han practicado sexo oral con una pareja de distinto sexo al menos una vez. Entre adolescentes de 15 a 19 años, estudios separadas hallaron alrededor de un 41% con experiencia de sexo oral.
Desde la salud pública se llama la atención sobre las ITS extragenitales: análisis nacionales de 2019 y 2023 que analizaron pruebas faríngeas detectaron positividad significativa para gonorrea y chlamydia en muestras de garganta (por ejemplo, gonorrea faríngea positiva en torno al 2,7% en algunos grupos), lo que subraya que el sexo oral contribuye a la carga de infecciones.
El CDC (2024) recomienda medidas preventivas: uso de condones y barreras (dental dam) durante sexo oral cuando corresponda, y realización de pruebas según riesgo. La comunicación con la pareja y la historia de ITS son claves para reducir la transmisión.
Mercado y uso de juguetes sexuales
El mercado global de juguetes sexuales ha crecido de forma sostenida. Informes de 2024 sitúan el tamaño del mercado global en torno a los USD 17.1 mil millones (Fortune Business Insights) y estiman el mercado de EE. UU. en aproximadamente USD 10.6 mil millones (Grand View Research), impulsado por e‑commerce y mayor aceptación social.
Las encuestas y estudios de uso muestran aumentos en la propiedad y el empleo de juguetes: agregados de 2019 a 2024 reportan que más del 50% de adultos han utilizado juguetes en algún momento, con incrementos notables entre mujeres y personas mayores según distintas fuentes comerciales y académicas (las cifras varían por metodología).
Los productos que más han crecido recientemente incluyen los estimuladores por pulso de aire (‘suction’) y los vibradores app‑controlados o para parejas. Marcas y medios como Wired, Allure y Well+Good han destacado dispositivos como Womanizer, Satisfyer o Lelo Sona y la explosión de juguetes conectados como tendencias de 2023, 2025.
Innovación: app‑control, IoT y personalización
La tecnología impulsa nuevas formas de uso y socialización sexual: juguetes ‘smart’, control remoto, suscripciones y personalización se consolidan como características demandadas por consumidores tech‑savvy y parejas a distancia.
Estos avances fomentan experiencias compartidas y nuevas maneras de integrar juguetes en la intimidad, pero también plantean preguntas sobre privacidad, datos biométricos y seguridad de las conexiones, que la industria y los reguladores empiezan a abordar.
La personalización y las funciones conectadas aumentan la accesibilidad y el interés, y a la vez obligan a revisar buenas prácticas sobre consentimiento, cifrado de datos y transparencia en las políticas de las empresas.
Comunicación, consentimiento y actuación de fantasías
Actuar una fantasía favorece a muchas parejas, pero las cifras muestran una brecha entre deseo y acción: Lehmiller indica que aunque alrededor del 80% de las personas desea realizar su fantasía favorita, solo cerca del 20% la ha llevado a la práctica.
Compartir fantasías de forma consensuada y comunicativa suele mejorar la satisfacción sexual; sin embargo, requiere negociación, límites claros y respeto por los deseos y las inseguridades de cada persona.
Los medios, la pornografía y las apps de dating también moldean qué fantasías se visibilizan y cómo se negocian; por eso es importante diferenciar entre fantasía y práctica segura, y priorizar la salud física y emocional al explorar deseos.
Ética, seguridad y regulación emergente
La expansión del sexting, la IA erótica y los juguetes conectados abre debates éticos y legales. En 2024, 2025 han surgido litigios y evaluaciones de riesgo relacionados con interacciones inapropiadas con bots, protección de menores y salud mental.
Organismos, empresas tecnológicas y la sociedad civil empiezan a reunir buenas prácticas: límites técnicos, verificación de edad, educación sexual digital y políticas de privacidad son algunos de los frentes abiertos para equilibrar innovación y seguridad.
Finalmente, recordar la nota metodológica: las cifras y porcentajes varían según la fuente (encuestas comerciales vs. muestras representativas vs. reportes de mercado). Para análisis comparativos conviene revisar la metodología de cada estudio antes de extraer conclusiones definitivas.
En conjunto, la conversación sobre fantasías sexuales, sexo oral y juguetes refleja una cultura sexual en transformación: más visibilidad, más tecnología y más opciones, pero también nuevas exigencias de responsabilidad y cuidado.
Explorar esos cambios con información y comunicación permite que la innovación sexual aporte placer sin descuidar la salud, el consentimiento ni la protección de las personas más vulnerables.
