En la última década los agonistas del receptor GLP‑1 han pasado de ser fármacos relativamente marginales para la diabetes a tratamientos de amplio uso social y sanitario. El fenómeno es notable: en encuestas recientes alrededor del 12% de adultos en EE. UU. reportaron haber usado un GLP‑1 (datos 2024, 2025) y las prescripciones y el gasto han crecido de forma exponencial, con ejemplos como el aumento en Medicaid de ~1M a >8M prescripciones entre 2019 y 2024.
Ese crecimiento masivo plantea preguntas sobre efectos que no siempre fueron objetivos primarios en los ensayos registradores, entre ellos cambios en la vida íntima. Este artículo revisa qué sabemos sobre GLP‑1 y libido, orgasmo y función sexual: mecanismos biológicos propuestos, evidencia experimental y observacional, señales de farmacovigilancia y recomendaciones prácticas para clínicos y pacientes.
Contexto social y regulatorio del uso de GLP‑1
El uso extendido de agonistas GLP‑1 (por ejemplo, semaglutida, dulaglutida) responde tanto a indicaciones para diabetes y obesidad como a una presión social por pérdida de peso. El incremento de prescripciones y del gasto sanitario ha llevado a que estos fármacos sean discutidos en medicina primaria, endocrinología y salud pública.
En los grandes ensayos pivotales (STEP, SUSTAIN) y en la información de producto (p. ej. Wegovy, Ozempic) la disfunción sexual no figura como reacción adversa principal. Las advertencias regulatorias recientes se han centrado en otras señales (riesgo quirúrgico, pancreatitis, riesgo tiroideo y cambios psiquiátricos), lo que no excluye efectos sexuales raros o no evaluados como objetivo primario.
Al mismo tiempo, la experiencia clínica y las encuestas de usuarios muestran efectos mixtos sobre la vida íntima: algunos reportan más confianza y actividad sexual, otros notan pérdida de deseo o alteraciones en el orgasmo. La heterogeneidad del fenómeno obliga a examinar mecanismos y evidencias con detalle.
Mecanismos biológicos plausibles: por qué podría cambiar la libido
Desde el punto de vista neurofisiológico, revisiones recientes proponen que la agonía de GLP‑1 puede aumentar la actividad serotoninérgica, en particular vía receptores 5‑HT2C en circuitos de recompensa. Por analogía con los efectos de la serotonina observados con algunos antidepresivos, este aumento podría reducir el deseo sexual en ciertos individuos.
El modelo es biopsicosocial: además del efecto biológico directo, factores como la pérdida de peso, la mejora de la imagen corporal, cambios hormonales y el estado anímico pueden “camuflar” o contrarrestar una posible disminución del deseo. Es decir, el resultado observable depende de la suma de múltiples efectos.
Asimismo, se ha planteado que cambios en la toma de decisiones y en el control de impulsos tras iniciar terapia GLP‑1 podrían, teóricamente, asociarse a conductas impulsivas incluyendo variaciones en la vida sexual. Por ello autores clínicos recomiendan precaución al tomar decisiones drásticas al inicio del tratamiento y vigilancia de cambios conductuales (“patients starting GLP‑1 agonists should be cautioned about making rapid life changing decisions.”).
Evidencia experimental en humanos: ensayos aleatorizados
La evidencia de ensayos controlados es limitada pero informativa. Un ensayo aleatorizado crossover en hombres saludables con dulaglutida durante 4 semanas no mostró cambios en la puntuación de deseo sexual medida por MGH‑SFQ, ni en hormonas o parámetros seminales en comparación con placebo. Este resultado sugiere ausencia de impacto negativo en ese contexto y duración breve.
Es importante destacar límites: el ensayo fue corto (4 semanas) y en sujetos sanos sin comorbilidades metabólicas importantes. Muchos efectos secundarios sexuales pueden ser tardíos o depender del contexto metabólico, por lo que resultados negativos en estudios cortos no descartan efectos en la práctica clínica.
En los ensayos registradores grandes la disfunción sexual no apareció como evento adverso principal, pero la mayoría no midieron de forma sistemática el deseo o el orgasmo como resultados prespecified. Esto limita la capacidad para detectar cambios sutiles o poco frecuentes.
Farmacovigilancia y experiencia real: señales y reportes mixtos
El análisis de eventos adversos del sistema FAERS hasta Q1‑2024 identificó 182 informes de disfunción sexual masculina (problemas con orgasmo, libido y erección) asociados a GLP‑1. Los casos se distribuyeron por fármaco y por edad, con concentraciones en décadas como 40 y 60 años. Aunque los autores advierten la necesidad de monitorizar, las señales fueron débiles en medidas de disproporcionalidad.
En paralelo, encuestas poblacionales y reportes de usuarios describen experiencias muy heterogéneas: algunos pacientes informan aumento de confianza y mayor actividad en apps de citas, otros registran disminución de deseo, cambios en la calidad del orgasmo o dificultades eréctiles. La variabilidad sugiere efectos individualizados dependientes de múltiples factores.
La interpretación práctica es cautelosa: 182 casos en FAERS no establecen causalidad por sí solos, pero sí piden vigilancia activa y recopilación sistemática de datos sobre función sexual en la práctica clínica.
Impacto en función eréctil y fertilidad: evidencia genética y estudios preliminares
Contrario a la hipótesis de un efecto exclusivamente negativo, análisis de randomización mendeliana (MR) aportan una señal favorable: la exposición genética a efectos tipo‑GLP‑1 se asoció con menor riesgo de disfunción eréctil (OR 0.493; IC95% 0.430, 0.565; p<0.001), un efecto parcialmente mediado por la reducción de obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedad cardiovascular. Esto apoya la idea de que mejoras metabólicas pueden mejorar la función eréctil.
Además, una revisión sistemática presentada en congresos (resumen 2025) que agrupó estudios con aproximadamente 371 hombres reportó aumentos en testosterona total y mejoras en parámetros seminales, con mayor efecto en varones obesos o metabólicamente comprometidos. Es evidencia preliminar pero consistente con beneficios reproductivos ligados a la mejora metabólica.
En conjunto, estos hallazgos subrayan que el efecto neto sobre función sexual puede ser positivo en pacientes con comorbilidad metabólica y negativo o neutro en sujetos sanos, dependiendo de la interacción entre factores biológicos y psicosociales.
Recomendaciones clínicas y lagunas de conocimiento
Los expertos piden incluir medidas específicas de deseo y función sexual en futuros ensayos clínicos y en la monitorización postcomercialización. Una observación repetida en la literatura es que “Failing to systematically measure and report on sexual desire … overlooks an essential aspect of patient well‑being.” Medir de forma sistemática evitará subregistro de efectos relevantes.
En la práctica cotidiana se recomienda: preguntar sistemáticamente a pacientes sobre libido y orgasmo al iniciar y durante el tratamiento; documentar cambios; valorar evaluación endocrina (hormonas sexuales) y cardiovascular si las alteraciones son persistentes; y sopesar el balance riesgo‑beneficio individual, especialmente cuando existan cambios en conducta o toma de decisiones.
También es prudente advertir a los pacientes sobre la posibilidad de cambios en la vida íntima y conductas impulsivas al iniciar la terapia, y programar controles tempranos. Dado el uso masivo (≈12% adultos en EE. UU.) y la complejidad de factores, la vigilancia clínica y la investigación longitudinal son prioridades.
Resumen cuantitativo rápido: 1) ~12% de adultos en EE. UU. han usado GLP‑1 (encuestas 2024/2025); 2) FAERS: 182 casos de disfunción sexual masculina reportados hasta Q1‑2024; 3) MR 2024: OR 0.493 para disfunción eréctil (sugiere reducción de riesgo vía mejora metabólica); 4) RCT 2024 (dulaglutide, 4 semanas) no mostró cambio de deseo en hombres sanos.
En definitiva, la evidencia es mixta y dependiente del contexto clínico: GLP‑1 y libido no tienen un efecto único y universal, y la atención personalizada es clave.
En la conversación con pacientes, los clínicos deben combinar la evidencia disponible con la experiencia individual: monitorizar, investigar causas alternativas (medicamentos concomitantes, depresión, factores de pareja) y ofrecer derivaciones a especialistas cuando sea necesario. La investigación futura debe priorizar mediciones sistemáticas y estudios longitudinales para clarificar efectos a largo plazo en deseo y orgasmo.
Mientras tanto, la recomendación práctica es clara: vigilar la función sexual como parte integral del cuidado, informar al paciente sobre la posibilidad de cambios (positivos o negativos) y documentar cualquier alteración para contribuir a un mejor conocimiento colectivo sobre GLP‑1 y vida íntima.
