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El ritmo del sexo

El sexo es cuestión de ritmo. Un ritmo adecuado convertirá un polvo en una experiencia inolvidable. Un ritmo inadecuado convertirá ese polvo en un sí pero no, algo que se quedó a medio camino y que no llegó a conseguir todos los objetivos que en los prolegómenos parecían estar a su alcance.

¿Cómo conseguir el ritmo adecuado a la hora de follar? Indudablemente, con la práctica. La experiencia es la madre de la ciencia, que suele decirse. Si ensayamos diez veces una coreografía es prácticamente seguro que, llegada la hora del baile, ejecutemos mejor los pasos que si sólo hemos ensayado dicha coreografía en dos ocasiones. Así, quien folle a menudo estará, sin duda, más preparado para conseguir ese ritmo ideal que el coito exige para proporcionar el mayor placer que aquél que sólo folle de uvas a peras. A éste último, carente de práctica, le asediará el fantasma de la eyaculación precoz, y la acumulación de ansias y ganas se traducirá, seguramente, en un atropellamiento y una precipitación que, instaladas en las caderas y la pelvis, provocará que los movimientos se hagan más acelerados de lo normal y, por tanto, menos efectivos.

Existe una imagen sobre la que ha pivotado durante demasiado tiempo el estereotipo de lo que es un polvo glorioso. Esa imagen, heredada sin duda de la escenografía típica y tópica del cine pornográfico, muestra a un hombre que, no importa la postura adoptada, bien sea la del perrito, bien la del misionero, bien tenga lugar sobre una mesa de oficina, bien sobre las sábanas de seda de una cama de medidas casi de campo de fútbol, entra y sale de la mujer a velocidad de vértigo, duro y rápido, potente e incansable. Como si pegar un polvo fuera algo así como apuñalar a Julio César a los pies de la estatua de Pompeyo. O como si el pene debiera utilizarse como un ariete que, en cada embestida, debiera derrumbar un muro de piedra y arena, de cemento y ladrillo. Esa imagen, sin duda, resulta excitante. O llamativa, al menos. Pero esa manera de follar no tiene mucho que ver con la realidad (¿quién aguanta ese ritmo sin haber pasado horas y horas levantando pesas y trabajando las abdominales en un gimnasio?) ni tampoco con lo que, en verdad, en verdad, debe ser un buen polvo.

Y es que al sexo se sienta bien lo slow, lo que se hace lentamente, lo que, poco a poco, paso a paso, asciende hacia la cumbre. Nadie llega a la cumbre del Everest a la carrera. Se debe llegar midiendo los pasos y lentamente. Con el ritmo adecuado.

¿Y cuál es el ritmo adecuado a la hora de hacer el amor? Un ritmo lento, con dos o tres embestidas lentas que se alternan con una un poco más profunda y decidida, pero no menos lenta. Conseguir ese ritmo al follar es un objetivo que ningún amante debería descartar alcanzar.

Para alcanzar el adecuado ritmo al hacer el amor puede resultar de gran ayuda el encontrar una apoyatura musical que permita que nuestro cuerpo, amoldándose a ella, pueda encontrar ese ritmo sereno y constante que conduzca a la pareja a eso que solemos llamar las cumbres más altas del placer y que no es otra cosa que ese orgasmo que convierte a un polvo, esta vez sí, en una experiencia inolvidable, una de esas historias a las que uno suele recurrir cuando, transcurrido el tiempo, se busca la imagen recurrente de algo vivido para encontrar el estímulo infalible para masturbarse.

Canciones para hacer el amor

Cuando hablamos de apoyatura musical para conseguir el ritmo para hacer el amor adecuado, ¿de qué estamos hablando? De una serie de canciones que pueden resultar estimulantes para las parejas.

¿Cómo deben ser esas canciones? Los gustos de cada cual son muy variados, y los musicales no escapan a esa norma. Hay quien afirma que el Trip-Hop, un género musical surgido a mediados de los 90, es una música ideal para marcar un ritmo para follar. En este género, en el que confluyen el hip hop y la música electrónica, se notan influencias del soul, el funk y el jazz, estilos musicales que, para muchos, son estilos musicales que, junto a la bossanova, ofrecen piezas suficientes como para animar una y mil noches de una pareja que quiera encontrar en la música una ayuda para encontrar el ritmo para hacer el amor.

Cada cual, lógicamente, puede buscar su canción idónea y su ritmo perfecto para hacer el amor. Nosotros, aquí, proponemos diez canciones para que, gracias a ellas, encuentres ese ritmo ideal que te va a permitir convertir un polvo en una experiencia inolvidable.

  • Je t’aime, de Serge Gainbourg.
  • Mend, de Elsiane.
  • Sexual Healing, de Marvin Gaye.
  • Massive Attack, de Teardrop.
  • Drunk in Love, de Beyoncé y Jay Z.
  • Sex (I’m A), de Lovage.
  • I’m into you, de Chet Faker.
  • Wash my soul, de Tricky.
  • Gimme Your Love, de Morcheeba.
  • Wise enough, de Lamb.

Probad con algunas de estas canciones, acompasad vuestro ritmo al hacer el amor al suyo y disfrutad de la experiencia. Lo único que puede pasar es que peguéis un polvo normalito, pero un polvo, aunque sea normalito, siempre es un polvo. Y cualquier excusa es buena para pegarlo. También la de una canción.


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