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El miedo al sexo o a sus prácticas

Lo normal es asociar al sexo con algo placentero y lúdico. Lo normal es escribir que el sexo es la fiesta de los cuerpos, su epifanía más dichosa, la mejor manera de festejar la vida. Eso es lo normal, pero no lo corriente. De hecho, no son pocas las personas para las que el sexo, o alguna de sus manifestaciones, es algo así como una amenaza, algo a lo que se teme.

El por qué sucede esto no es una respuesta fácil de responder. El miedo al sexo puede deberse a múltiples motivos. En algunos casos, una experiencia traumática puede ser la causa. Es absolutamente comprensible que una mujer que ha sido violada no tenga una visión demasiado agradable del sexo. Para esa mujer, cualquier acto sexual puede remitirle a aquel terrible momento de su vida. Para otras personas, el motivo puede ser otro. Por ejemplo: que la práctica del sexo se haya limitado a ser compartida con una sola persona que, por el motivo que sea, no ha sabido satisfacer las necesidades sexuales de la persona que, a la larga, va a desarrollar esa fobia al sexo. O puede suceder también que algún tipo de tabú cultural pese sobre la sexualidad de una persona impidiéndole disfrutar de ella u obligando a tener de ella una visión pecaminosa y cargada de sentimientos de culpa.

Sea cual sea el motivo, lo cierto es que las fobias sexuales están más extendidas de lo que nos creemos. El hombre puede alejarse del disfrute sexual, por ejemplo, si su temor a incurrir en un gatillazo o a eyacular precozmente le convierte la posibilidad de mantener una relación sexual en una especie de tortura. La mujer, por su parte, puede en algunos casos contemplar el falo como una especie de ariete que, al entrar en su cuerpo, fuera a producirle daños irreparables. La falofobia existe, y es un motivo más que suficiente para hacer que una mujer renuncie al sexo.

Las personas que padecen fobias sexuales, además, acostumbran a mantener dichas fobias en secreto, lo que impide que puedan superar esos miedos. Eso es, lógicamente, lo peor que una persona que padece miedo al sexo debe hacer. En la actualidad existe un importante número de sexólogos y sexólogas bien formados y formadas que pueden ayudar a cualquier persona (sea hombre o mujer) a superar sus fobias para, de ese modo, poder disfrutar de esa maravilla que nos ha regalado la vida que es el sexo. En ocasiones, la terapia recomendada por estos sexólogos y sexólogas pasa por el uso de diversos juguetes eróticos (dildos, masajeadores, balas vibradoras, estimuladores de clítoris, etc.) que pueden ayudar a la persona a conocer su propio cuerpo y sus mecanismos de placer para, de ese modo, derribar esa barrera que, de alguna manera, está bloqueando su acceso a la maravilla del sexo.

Tipos de fobias sexuales

Entre las más comunes fobias sexuales podemos encontrar las siguientes:

  • Agrafobia o miedo al abuso sexual. Esta fobia sexual es habitual en las personas que han sufrido algún tipo de abuso o tienen a alguien cercano que lo ha sufrido. Esto no quiere decir, sin embargo, que personas que no hayan vivido esas experiencias no puedan padecer este tipo de miedo al sexo.
  • Erotofobia o miedo a hablar sobre cualquier tema erótico-sexual.
  • Eurotofobia. Miedo a los genitales femeninos.
  • Falofobia. Fobia al pene o a todo aquello que tenga su forma.
  • Genofobia. Fobia general al sexo.
  • Gimnofobia. Miedo a la desnudez, tanto si es propia como si es la de un extraño. Cuando el miedo es a la propia desnudez, esta fobia puede aparecer debido a la comparación del propio cuerpo con un ideal de belleza a cuyos estándares no nos ajustamos.
  • Heterofobia. Miedo al sexo opuesto.
  • Itifalofobia. Miedo a tener una erección.
  • Medomalacufobia. Miedo a perder la erección.
  • Parafobia. Miedo a la perversión sexual.
  • Miedo a ser penetradas. Para mujeres que sufren esta fobia sexual, el simple hecho de colocarse un tampón puede resultar todo un reto. La forma más habitual de reaccionar a este miedo es desarrollar, en mayor o menor medida, un cierto vaginismo. Por vaginismo se conoce a la contracción involuntaria de los músculos de la zona inferior en la vagina.
  • Venustrafobia. Miedo que tienen los hombres a las mujeres especialmente bellas.

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