Postura «El conductor de la furgoneta»

Los apretones sexuales llegan cuando llegan. Como decía la canción, “quererse no tiene horario ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan”. Y las ganas pueden juntarse, perfectamente, en un viaje, cuando vas al volante y tu pareja va al lado, con esa faldita que tanto te gusta, atrayendo con la redondez carnal de sus rodillas las miradas que deberían estar fijas al otro lado de la luna del vehículo, en la carretera. La ganas pueden juntarse ahí o cuando, repartidor como eres, has salido con tu furgoneta de reparto, acompañado por una compañera de oficina que aprovecha el viaje para ir a reclamar unas facturas a un cliente. Hace tiempo que las miradas arden entre vosotros y sólo los ojos avizores de compañeros y compañeras ha impedido, en la empresa, que suceda lo que finalmente ha sucedido: que las ganas se han juntado y tenéis ganas de daros un mutuo chapuzón de sexo y placer, lo que viene siendo, vamos, un polvo rápido.

Ni tenéis tiempo de buscar un cuarto por horas ni es cuestión de eso. Quizás si os dais un poco de tiempo empezáis a pensar en asuntos que os enfriarían. Quizás el novio. Quizás la mujer y los hijos. Quizás el miedo a engancharse sentimentalmente. Por eso hay que actuar cuanto antes. La conciencia es muy puta y puede amargaros un rato de inocente (aunque desenfrenada) pasión.

Para no dejar pasar ese rato de ardiente e incontenible deseo tú debe seguir sentado. Que tu pareja se siente ahora encima de ti y con su trasero, moviéndose lentamente, comience a frotar tus genitales. Que note cómo la sangre acude a tu pene. Que sienta cómo éste comienza a hincharse. Despojarse de la parte de la ropa que cubre los genitales de uno y otro debe ser algo rápido. Una vez hecho, que el pene busque cobijo y abrigo en esa vagina que, seguramente, con el frotamiento previo, estará conveniente y naturalmente lubricada.

Sensaciones de la postura para la mujer

Que tú estés en el asiento del conductor no te da el dominio de la situación. Es la mujer, en esta postura, la que toma el volante de vuestra acción. Ella puede controlar el ritmo del juego y los patrones de movimiento. Puede moverse de abajo hacia arriba, actuando sobre tu pene como un émbolo; o puede hacerlo en círculos, lenta o rápidamente, con mayor o con menor ímpetu.

Esta posición ofrece a la mujer una buena estimulación del punto G. Si se desea hacer la penetración más profunda, basta con que la mujer abra bien las piernas. Si el hombre, a su vez, la presiona de los hombros hacia abajo coordinando sus empujes con los movimientos en émbolo de ella, esta penetración será muy profunda.

Sensaciones de la postura para el hombre

Esta postura erótica ofrece al hombre la posibilidad de acariciar el cuerpo de la mujer. Acariciar quiere decir acariciar; no estrujar ni morder. Acariciar tampoco quiere decir tratar los pezones como si estuvieras sintonizando una radio. Piensa que los pechos son, psicológicamnte, una parte de su cuerpo muy importante para la mujer. Refiérete a ellos en términos de belleza, nunca de tamaño. Nunca puedes estar seguro de si tu pareja tiene complejos en referencia a su pecho. Quizás crea que son pequeños. O quizás crea lo contrario: que son dos ubres detestables estéticamente. Disfruta acariciándolos. Siente su calor y su suavidad en tus manos. Trátalos con cariño y dulzura. Después de todo, ¿qué mejor manera de caldearse y caldear a la pareja que la de acariciar desde atrás sus pechos?

Si los movimientos de hombre y mujer se coordinan, la fricción y el ritmo adecuado pueden hacer que uno y otro, hombre y mujer, inicien una ascensión rápida hacia las fronteras fácilmente traspasables del orgasmo. Si aprendéis las técnicas convenientes para retardar la llegada de éste, podréis disfrutar de un tiempo relativamente prolongado de placer. Claro que, entonces, quizás tengáis ya un montón de curiosos al otro lado del cristal de la furgoneta. Eso, si sois amantes del exhibicionismo, puede ser un acicate para vuestro instante de pasión. Si no lo sois, esas miradas al otro lado del cristal no serán sino un jarro de agua fría. Por eso, quizás, esta postura erótica está especialmente indicada para el glorioso, explosivo y libre de culpas “polvo rápido”. Para el polvo que brota de la pura pasión y que no sabe de conveniencias ni pensamientos fríos. De estos polvos tan breves acostumbra a quedar una larga memoria. Por algo será.