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Fantasía de la violación

En tiempos en los que, por fortuna, cada vez se presta mayor atención a todo lo que pueda estar relacionado con los abusos sexuales y con la falta de consentimiento explícito en el mantenimiento de relaciones sexuales, hablar de la fantasía de la violación o rape play por parte de la mujer puede resultar chocante. Pero las estadísticas y los estudios están ahí y son claros al respecto: según un estudio realizado por la Universidad de Texas, entre el 31 y el 62% de las mujeres ha fantaseado alguna vez con ser violadas. Es más: de todas esas mujeres, el 90% ha vivido esa experiencia (la de fantasear con ser violada) como una experiencia excitante. Así, la de ser violadas sería una de las fantasías eróticas más comunes entre las mujeres.

El estudio al que nos referimos ha recogido algunas teorías psicológicas que intentan explicar por qué se da un porcentaje tan alto de mujeres que fantasean con ser violadas. Esas teorías son las siguientes:

  • Teoría de la evitación de la culpa sexual. Según esta teoría, en una sociedad en la que a la mujer con deseos sexuales y activa sexualmente se la ha tachado, machista e injustamente, de puta, la mujer que puede haber interiorizado ese tipo de educación y que, por tanto, podría sentirse culpable de desear mantener relaciones sexuales, encuentra en el ser violada una autojustificación para su deseo. Vicariamente vive el sexo, pero ese sexo, lejos de ser buscado por ella, le es impuesto. Y esa imposición es la que limpia cualquier sentimiento de culpa. Según algunos estudios, las mujeres con más altos niveles de culpabilidad sexual son las mujeres más propensas a fantasear con ser dominadas sexualmente.
  • Teoría de la apertura a la experiencia sexual. Esta teoría defiende que la mujer que tiene fantasías de violación es, al contrario que la mujer retratada en la teoría anterior, una mujer que mantiene respecto al sexo una actitud abierta y tolerante y que, por tanto, destierra de ella todo sentimiento de culpa.
  • Teoría de la deseabilidad sexual. Esta tercera teoría apunta a un subidón de autoestima por parte de la mujer que fantasea con ser violada. Según esta teoría, la mujer que fantasea con ser violada lo hace porque se siente tan irresistible que hace imposible que los hombres puedan controlarse ante su atractivo.

Algunas teorías más cercanas a los terrenos del psicoanálisis hablan de que la mujer que experimenta fantasías de violación está, inconscientemente, satisfaciendo el deseo de ser conocida. Sintiéndose protagonista pasiva de un acto así lo consigue. El ser penetrada es, de alguna manera, una forma de ser descubierta.

Sea cual sea la explicación que se pueda dar desde el terreno de la psicología al hecho de que algunas mujeres fantaseen con la posibilidad de ser violadas, lo que hay que tener siempre presente es que las fantasías eróticas, sean del tipo que sean, no tienen por qué ser experiencias que deseen vivirse en la realidad. Sí pueden, sin embargo, escenificarse. O, dicho de otro modo, practicarse como juego de rol.

Si algún lugar es el reino de la fantasía y de la libertad ese lugar es el universo del juego. En el juego todo cabe, siempre que existan unas reglas que sirvan para articular ese todo. Y el juego es, por ejemplo, la esencia del BDSM. El BDSM, en el fondo, no sería otra cosa que un amplio y variado abanico de juegos para adultos.

Dentro del BDSM existe una práctica en la que se escenifica la violación y que recibe el nombre de rape play o juego de violación. Como todo juego de rol, los roles adoptados por cada uno de los participantes en el rape play son consensuados, pautados y guionados. Es decir: antes de que se ponga en práctica el rape play se deben saber los derroteros por los que éste debe avanzar. Cualquier desvío de esa línea debe ser obstaculizado e impedido por el uso de lo que se conoce como safeword o palabra de seguridad.


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