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En busca del orgasmo al unísono

Lo hemos visto más de una vez en el cine. La pareja de enamorados, entregada a las efusiones del placer sexual, alcanza el orgasmo al unísono. Sin duda, algo tan deseable como de difícil cumplimiento. Si ya es difícil que el hombre pueda esperar a la mujer antes de alcanzar el orgasmo para que ella alcance el suyo (la realidad y la experiencia enseñan que lo más habitual es que el hombre alcance antes el orgasmo para, a continuación, ayudar a la mujer a alcanzar el suyo mediante la masturbación o mediante el sexo oral), mucho más difícil resulta el sincronizar los cuerpos del hombre y la mujer para que ambos alcancen el éxtasis al unísono.

Que sea difícil (vale, muy difícil) de conseguir el que el hombre y la mujer alcancen el orgasmo al mismo tiempo durante el mantenimiento de relaciones sexuales no quiere decir, sin embargo, que sea imposible. Como tantas cosas en el sexo, todo es cuestión de escoger la técnica adecuada a la hora de mantener relaciones sexuales. Del mismo modo que existen posturas eróticas más recomendables que otras para disfrutar del sexo cuando se practica el coito y se tiene el pene pequeño, también existen técnicas que pueden ayudar a que hombre y mujer experimenten el orgasmo al mismo tiempo cuando mantienen relaciones sexuales. Una de las técnicas más recomendadas para intentar alcanzar el orgasmo al mismo tiempo es la técnica de la alineación coital.

La técnica de Edward Eichel

La técnica de la alineación coital es una técnica sexual desarrollada por el terapeuta estadounidense Edward Eichel. A finales del siglo XX, Eichel investigó cuál podía ser la postura erótica más idónea para que la mujer consiguiera alcanzar el orgasmo y el hombre, al mismo tiempo, pudiera controlar el suyo. Dicha postura debía permitir que se satisficiera un requisito imprescindible para que la mujer pudiera alcanzar el orgasmo: que el clítoris fuera convenientemente estimulado. Al fin y al cabo, en un amplísimo porcentaje de mujeres el alcanzar o no el orgasmo depende única y exclusivamente de la conveniente estimulación del clítoris. Sin que exista dicha estimulación, muchas mujeres no pueden alcanzar el orgasmo, y eso, la estimulación del clítoris, es algo que no garantizaban las posturas sexuales tradicionales.

Edward Eichel, al buscar esa postura, decidió olvidarse tanto de la parte psicológica del sexo como de la tan pregonada estimulación del punto G. Lo importante para Eichel y lo que debía orientar su búsqueda era, en definitiva, buscar la postura en la que el movimiento del pene fuera capaz, de una manera directa, de estimular el clítoris de la mujer.

La postura idónea para conseguir esa estimulación especial del clítoris la encontró Edward Eichel al introducir tres pequeñas variaciones en la que, junto a la del perrito, es sin duda la postura más tradicional de entre todas aquéllas en las que es el hombre quien controla la penetración y determina su ritmo. Esa postura es la del misionero.

Al igual que al practicar la tradicional postura del misionero, al practicar la técnica de la alineación coital propuesta por Edward Eichel la mujer debe tumbarse boca arriba. En este caso, sin embargo, y al revés que sucede con el misionero, la mujer no se abrirá de piernas sino que las tendrá, durante todo el coito, ligeramente cerradas. ¿Qué se consigue con eso? Que el nivel de estimulación aumente para ambos.

La segunda variación que hay que introducir en la postura del misionero para que esta postura sexual resulte más efectiva a la hora de buscar el orgasmo de la mujer y su coincidencia en el tiempo con el del hombre se basa en la elevación de la pelvis de la mujer. ¿Cómo? Con una almohada, por ejemplo. Colocándola bajo las caderas de la mujer conseguiremos que la pelvis de ésta se sitúe en una posición más elevada. Una vez que el hombre se haya colocado encima de la mujer para proceder a la penetración, éste deberá sujetar su peso sobre sus codos y colocar sus rodillas tocando los muslos de la mujer. Al colocarse así, las caderas quedan alineadas. Es precisamente esta alineación de las caderas lo que da el nombre de técnica de alineación coital a la manera de practicar el coito propuesta por el terapeuta estadounidense.

Una vez colocados así, el hombre podrá penetrar a la mujer. Realizada la penetración será cuando se produzca la tercera variación incorporada por Eichel a la postura del misionero. Si durante la práctica del misionero el pene se mueve de adelante hacia atrás y viceversa, durante la aplicación de la técnica de alineación coital el movimiento del pene se realiza de arriba hacia abajo. Al moverse así, lo que pene hace es cumplir dos funciones al mismo tiempo: por un lado, entra en la vagina; por el otro, estimula el clítoris. Si la mujer desea ayudar al hombre durante el coito y compartir con él el control del mismo puede mover sus caderas de forma ascendente y descendente. Con ello lo que se consigue es, previa sincronización de los movimientos de los dos miembros de la pareja, una penetración más profunda y placentera para ambos.

Para aumentar el contacto de la pelvis y, así, intensificar las sensaciones placenteras experimentadas tanto por el hombre como por la mujer durante la práctica de la técnica de la alineación coital, el hombre puede coger la cintura de la mujer y presionarla suavemente sobre la suya mientras se asegura de que los pubis de ambos se rozan y frotan. Será actuando de este modo como se garantice que la estimulación del clítoris es continua durante todo el coito.

La técnica de la alineación coital, por otra parte, permite algo que, a nivel psicológico, puede resultar muy excitante para la pareja. El hecho de estar cara a cara incrementa la sensación de intimidad en el seno de la misma y hombre y mujer se sienten especialmente estimulados. Después de todo, contemplar en el rostro de la pareja el reflejo del placer compartido actúa como un excelente afrodisíaco.


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