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Juegos para tu vida sexual en pareja

Si quieres mejorar la calidad de tu vida sexual, aprovecha el potencial erótico que pueden tener todas las tareas domésticas del día a día. Puedes convertir algo tan rutinario como sacar la basura, en un excitante juego sexual con tu pareja. Lo único que necesitas es poner cara de póker, un garaje o alguna íntima de la casa y lubricante íntimo:

  • Coge el lubricante íntimo y sal a tirar la basura, cuando hayas salido llama a pareja y pídele ayuda. Si te pone excusas para no salir, dile es posible que hayas tirado algo que ella aprecie por error, así seguro que saldrá a ver qué pasa sin imaginar que en pocos minutos saltarán chispas.
  • Cuando tu pareja llegue a tu altura, pasa tu brazo alrededor de sus hombros y llévala al garaje o a alguna zona íntima de la casa. Entonces admite tu pequeña “trampa” y desvela la intención del juego sexual.
  • Apóyate en la pared y vuélvala de espaldas a ti. Besa su cuello y susurra el deseo que sientes en su oído.
  • Entonces lubrica generosamente su sexo y penétrala como lo harías de pie, pero coge sus caderas con tus manos y levántala para que ella pueda enredar sus piernas en tu cintura. De esta manera estaréis en una posición sexual parecida a la de “la carretilla”.

Juegos sexuales en la cocina

Piensa en algo que metes y sacas... ¿Has pensado en los platos o en otras partes del cuerpo? Aprovechar el tiempo que tarda en sonar el timbre del lavavajillas es una idea excelente para romper la monotonía de tu vida sexual en pareja. El vapor de agua que desprende a través de la puerta, da una sensación de calor muy agradable y es una forma memorable de llegar al orgasmo. Ten a mano lubricante íntimo, una alfombrilla y una cuchara de palo... ¡listos para jugar! Espera a que el lavavajillas esté a punto de empezar el ciclo de secado y pon la alfombra delante y desnudaros de cintura para abajo. Abre la puerta del lavavajillas un secundo, deja salir el vapor de agua para calentaros y coge una cuchara de palo de su interior. Vuelve a cerrar la puerta rápidamente y pulsa el botón para que lavavajillas siga su ciclo. Siéntate con las piernas abiertas. Sienta a tu pareja encima de tu polla y acaricia su espalda con la cuchara, subiendo y bajando hasta el culo. Si os pone, puedes darle incluso algunos golpecitos suaves y susurrar cosas guarras en su oído mientras te la follas. Cuando notes que su coño ya está húmedo, dale aún más placer y coge el lubricante íntimo. Pon una buena cantidad en tu dedo y deslízalo en su coño antes de meterle la polla. Intenta sincronizar los orgasmos con el timbre que avisa de que el ciclo del lavavajillas ha acabado. Si tu pareja no ha llegado, sigue follando y hablando para no romper el clímax. También podéis cambiar la postura sexual y que ella pase a arriba, para favorecer el orgasmo femenino. Una vez que el “ciclo erótico” esté completo, disfrutar de una buena ducha juntos será un gran final.

Para mejorar tu vida sexual en pareja, cualquier momento vale. ¿Te apetecen unos huevos revueltos para desayunar? Pídele a tu pareja que los prepares mientras tú la sorprendes con un delicioso juego sexual. Coge un huevo crudo y acércate a ella mientras cocina. Besa su cuello lentamente, para persuadirla de que se deje caer en el suelo. Si te pone alguna excusa, explícale el objetivo del juego sexual: estás allí para regalarle el un orgasmo delicioso. Entonces, túmbala en el suelo y pon el huevo en su barriga. Avísala de que no puede moverse o el huevo se romperá. Esta idea creará una restricción imaginaria aún más excitante para ella. Pon lubricante íntimo en tu dedo y empieza a acariciar sus labios vaginales y juega con el clítoris. Si ella se retuerce de placer, recuérdale que el huevo está balanceándose en su barriga. Utiliza la mano que tienes libre para darle placer a sus pezones o recorrer con tus caricias todo su cuerpo, mientras que con la otra sigues frotando su coño. Cuando veas que ella está a punto del orgasmo, quita el huevo para que no se rompa, pues ella ya no podrá evitar sus espasmos o sus temblores de puro placer. Cuando acabes, tu “cocinera” estará tan débil por unos momentos que apenas podrás mantenerse en pie, así que como un buen caballero te tocará lavarte bien las manos y acabar de preparar el desayuno tú mismo.


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