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Algunos trucos para mejorar el misionero

Todos sabemos lo que es el misionero. Quizás no exista postura más tradicional que ésa en la que la mujer, tumbada boca arriba y con las piernas abiertas, recibe al hombre. Pese a su imagen de aburrida, la del misionero es una postura que, además de cómoda, resulta muy placentera. ¿Que puede resultar una postura un tanto reiterativa? Quizás sí, pero para eso existe la imaginación y, por supuesto, una serie de trucos que pueden ayudarnos a mejorar las prestaciones eróticas de esta fantástica postura erótica.

Posturas sexuales para practicar sexo en pareja

Si tienes pareja estable o estáis casados, el repertorio sexual suele reducirse a dos o tres posiciones sexuales básicas que suelen ser la postura sexual del misionero, la de la mujer encima y la postura sexual del perrito. Vuelve a revisar las posturas sexuales más clásicas, pero dale algo más de vitalidad. ¡Es fácil y no necesitarás ningún diagrama para saber cómo hacerlo! No pienses que el embarazo es un impedimento para relaciones sexuales, por el contrario el sexo durante el embarazo es alucinante. Además es una buena oportunidad para experimentar otras posiciones sexuales.

El placer del dolor y la sumisión

Experimentar en el sexo puede llevarte a descubrir nuevos límites y a abrir tu mente a nuevas experiencias. Si decides ir “más allá”, es muy importante, que antes de empezar, fijes los límites con tu pareja, por ejemplo el lugar, los roles que adoptaréis cada uno, y cuando experimentes con el placer y la sumisión, las actividades concretas que haréis, es decir, qué puede y qué no puede pasar. Para disfrutar del sexo, no hace falta que te aprendas el Kamasutra de memoria. Es difícil que en el día a día, puedas llevar a cabo la mayoría de las posturas sexuales que se describen el manual de sexo…

La Profunda

Postura «La Profunda». Para esta postura de sexo del Kamasutra se tiene que comenzar con la posición del misionero (esta no es necesario explicarla), despues ella debe tirar las piernas hacia el pecho hasta que se extiendan a fin de que sus tobillos enganche con los hombros de él (hacerle la pinza).