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Una mentira fácilmente detectable

¿Cuántas veces no has oído eso de “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”? Seguramente muchas. Y alguna de ellas, seguramente, guardaba relación directa con una presunción sexual. Presuntuosos sexuales hay muchos. En la barra de los bares no falta el machito de turno que, urbi et orbe, proclama su activa vida sexual. Son hombres que follan mucho… de boquilla. Hombres que se amparan en la ignorancia de saber que la falta de sexo deja tras de sí una serie de piedras que, a modo de señales, permiten seguir el rastro que conduce a la verdad. Y la verdad es que el sexo deja su huella, y la falta de él también. Y que mentir en estos asuntos en ocasiones no sirve para otra cosa que para dar una imagen ridículamente bochornosa de nosotros mismos.

¿De qué nos servirá decir que tenemos una vida sexual muy activa si, por ejemplo, la falta de sexo se refleja en nuestro humor, en nuestro sueño o hasta en el brillo de nuestra piel? Sabemos que tú no perteneces a ese grotesco grupo de los folladores de boquilla, pero queremos que conozcas los efectos de la falta de sexo para que identifiques más claramente a aquéllos que, en la barra del bar, en el banco del gimnasio o en el club de pádel, se las quieren dar de Casanovas del siglo XXI sin haber hecho méritos para ello.

La práctica sexual no es sólo una práctica de motivación lúdica o hedonista. El sexo no sólo se practica por obtener placer. El sexo es necesario para estar sano y para disfrutar de un bienestar corporal que, sin sexo, es difícil de conseguir. Por eso, instintivamente, lo buscamos. Y por eso, si no lo obtenemos, sentimos una frustración que acaba dejando huella en nosotros.

El follar poco deja huella

Uno de los principales efectos de la falta de sexo es la falta de sueño. Para dormir bien y de una manera placentera es necesario disponer de una dosis adecuada de oxitocina. La oxitocina es una hormona que se genera especialmente durante la actividad sexual. La falta de sexo puede conducir a una situación en la que se tengan serias dificultades para conciliar el sueño.

Otro de los efectos de la falta de sexo, quizás uno de los más populares, es el del malhumor. Quien más quien menos conoce la expresión “estar malfollado/malfollada”. Esta expresión suele aplicarse a aquella persona que se muestra reiteradamente malhumorada en sus relaciones sociales. La respuesta destemplada, el gesto irritado, la reacción brusca… todas estas acciones pueden ser efecto de la falta de sexo. Una persona sonriente y desestresada es, muy seguramente, una persona que mantiene una actividad sexual regular. ¿Qué mejor receta, por otro lado, que la de tener sexo para gozar de un excelente estado de ánimo?

La falta de sexo nos vuelve más asociales, más hoscos, más esquivos, mucho menos proclives a relacionarnos con los demás. En cierto modo, la problemática de la falta de sexo viene a ser algo así como una pescadilla que se muerde la cola. No tenemos sexo y, a consecuencia de ello, nos volvemos más bordes e intratables. Esto, lógicamente, no juega a nuestro factor a la hora de conquistar a una persona junto a la que disfrutar de nuestra sexualidad y, a consecuencia de ello, el problema de la falta de sexo se agranda y parece amenazar con eternizarse.

Por otro lado, la falta de sexo nos afecta, también, estéticamente. Nos vuelve menos deseables, menos atractivos. La falta de sexo afecta, tal y como hemos apuntado antes, incluso al brillo de la piel. La explicación a este fenómeno está en los poros de la misma. Éstos, al practicar sexo, tienden a abrirse más, lo que permite que se liberen con mayor facilidad las impurezas que se acumulan en nuestra piel y que son, finalmente, las culpables de que ésta muestre imperfecciones o un tono apagado.

Otro de los efectos de la falta de sexo es la disminución de la producción de serotonina y endorfinas. Estas dos hormonas, conocidas con el nombre de hormonas de la felicidad, actúan como una especie de analgésico natural. Con bajos niveles de una y otras, se incrementan los malestares físicos de distinto tipo.

La falta de sexo, por otro lado, tiene claros efectos psicológicos. La persona que no mantiene relaciones sexuales se muestra más insegura que aquélla que goza de una vida sexual activa. La falta de sexo puede conducir a la depresión y a la ansiedad. Practicar sexo nos hace sentirnos deseados y el sentirse deseados reafirma la autoconfianza del ser humano, algo fundamental para gozar de una psique sana y preparada para afrontar los problemas que el día a día nos plantea.

Otro de los efectos psicológicos de la falta de sexo es el incremento del sentimiento de soledad. La persona que no practica sexo puede sentirse sola y ese sentimiento de soledad puede ser el justificante de una serie de acciones que pueden ir desde la búsqueda errónea de sexo con una amistad o una antigua pareja a la práctica del sexting como sucedáneo insatisfactorio de una vida sexual sana o, en casos extremos, a la búsqueda de sexo casual con desconocidos en circunstancias no siempre seguras ni habitualmente satisfactorias.


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