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La difícil sincronización de ritmos

Venimos hablando reiteradamente en nuestros artículos de las diferentes formas de practicar sexo rápido y de cómo, en muchas ocasiones, un rapidito o, dicho de otro modo, un “aquí te pillo y aquí te mato” puede resultar más inolvidable que la sesión de sexo practicada, con todas las comodidades del mundo, en un cuarto de hotel con o sin encanto. ¿Quiere eso decir que el summum de la excelencia sexual se encuentra en el sexo rápido? No. Ni mucho menos. No hay que ser fundamentalista de nada, tampoco de un modo determinado de disfrutar del sexo.

Despreciar el slow sex en nombre de la pretendida superioridad del fast sex puede resultar tan estúpido como renunciar a toda posibilidad de disfrutar de una ración de fast sex porque se está a la espera de gozar de un menú entero de slow sex. Como dice el refrán: más vale pájaro en mano que ciento volando, y una posibilidad de disfrutar sexualmente nunca, absolutamente nunca, debe ser rechazada. Eso sí: para que la sesión de fast sex sea placentera para los dos participantes en ella es necesario que se cumplan una serie de requisitos. De no cumplirse, lo más habitual es que una sesión de fast sex resulte frustrante para una de las dos partes. ¿Por qué? Porque no siempre los ritmos sexuales pueden sincronizarse y siempre se corre el riesgo de que una de las partes (habitualmente la mujer) se quede a la espera de un placer que no acaba de llegar.

Los cuatro pilares del fast sex

Para intentar paliar esa falta de sincronización y hacer de una experiencia fast sex una experiencia gratificante para ambas partes hay que procurar que dicha experiencia se sostenga sobre cuatro pilares básicos que a continuación vamos a detallar.

El primer pilar sobre el que debe sostenerse una exitosa experiencia de sexo rápido es que exista un buen precalentamiento. Cuando hablamos de precalentamiento no estamos hablando de tocamientos, masturbaciones o sexo oral. La masturbación o el sexo oral formarán parte de la sesión de fast sex en sí. Para llegar a eso, sin embargo, deben existir pequeñas señales que sirvan para caldear el ambiente. En ocasiones la señal puede ser un pequeño roce, una sonrisa insinuante, alguna mirada inequívocamente provocativa, un comentario intencionado, un mensaje subido de tono… Los coches de Fórmula 1 no echan a correr a su máxima potencia sin haber dado antes una vuelta de calentamiento. En el sexo rápido, todas estas pequeñas señales cumplen la misma función: preparar al cuerpo para que éste se ponga a tono y, de ese modo, pueda dar lo mejor de sí mismo al iniciarse la sesión de fast sex. En este sentido, el sexting puede resultar de mucha utilidad. Los mensajitos hot propios de este juego sexual servirán para ir calentando el ambiente. Cuando la pareja se encuentre, será fácil que, incendiados por la espera, entren directamente a degüello.

Para que la sesión de sexo rápido resulte exitosa debe cumplirse otro requisito: que el nivel de excitación cuando la misma se inicie sea especialmente elevado. Sólo iniciándola desde un nivel álgido de excitación de las dos partes podemos acercarnos a la seguridad de que se consiga que ambas queden satisfechas.

El tercer pilar que debe resultar sólido para que la sesión de fast sex resulte satisfactoria se fundamenta en un aspecto que todos los sexólogos y sexólogas acostumbran a destacar: la comunicación en el seno de la pareja. Sólo con la comunicación podemos hacer saber a nuestra pareja qué es lo que verdaderamente nos excita y qué es lo que nos lleva al borde mismo del orgasmo en poco tiempo. Sólo con la comunicación, también, podemos saber lo que lleva a nuestra pareja hasta las lindes mismas del delirio. El sexo es para practicarlo, sí, pero también para hablarlo. Un pequeño detalle (mordisquear los pezones, acariciar el ano, lamer la oreja…) puede bastar para convertir un orgasmo más en un orgasmo rápido (que, al fin y al cabo, es lo que interesa en el fast sex) e inolvidable.

El cuarto pilar, fundamental para gozar de una buena sesión de sexo rápido, consiste en relativizar los resultados de la misma. No hay que fantasear con el hecho de que una sesión de fast sex sea perfecta. Es algo sabido: cuanto mayores son las expectativas, mayores pueden llegar a ser las decepciones. El sexo rápido real y los polvos rápidos que aparecen rodados en el cine no suelen tener nada que ver con el sexo rápido real. Esto se hace más patente todavía cuando hablamos del cine porno. El cine porno, como todo cine, es ficción. Así, de la misma manera que tras ver Superman esquivaremos el lanzarnos por la ventana intentando volar, tampoco trataremos de emular a Nacho Vidal o a cualquier otra estrella del cine porno cuando, tras ver una película X, nos pongamos, llevados por un calentón, a mantener sexo con nuestra pareja.

Teniendo en cuenta los cuatro puntos anteriores resultará algo más factible el conseguir que una sesión de fast sex resulte satisfactoria para las dos partes que participan en ella. Para que las posibilidades de que eso sea así se incrementen podemos contar con la ayuda con aquellos productos que nos permitan acortar los tiempos de reacción ante los estímulos y, al mismo tiempo, potencien la eficacia de los mismos. Entre dichos productos, elaborados por una industria, la del juguete erótico, que no cesa en investigar sobre nuestros mecanismos sexuales para así mejorar nuestra vida sexual, podemos encontrar los lubricantes (puede ser que, en una sesión de sexo fugaz, la mujer no llegue a lubricar lo suficiente) y los dildos, vibradores, plugs anales o vaginales, etc. que, en una sesión de fast sex, pueden servirnos para acelerar la llegada del orgasmo. Esto, que en el low sex es relativamente secundario; en el fast sex adquiere una importancia más relevante.


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