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Un afrodisíaco económico

A veces no hace falta invertir en juguetes sexuales ni en habitaciones de hotel ni en salidas románticas para insuflar un poco de vitalidad y de nuevas energías a una vida sexual monótona y apagada. A veces, en la vida, las mejores soluciones las tenemos ahí, junto a nosotros, gratis, y, cegados en la búsqueda de soluciones mágicas, no nos damos cuenta de que las tenemos al alcance de la mano o, en este caso, de la lengua.

Ya, ya. Ya sé que me dirás que tú sólo puedes decir marranadas cuando te has tomado dos copas de más y que tú, en estado sobrio, no sabes hablar sucio. Que eres educado o educada, sostendrás, y que tu educación o tu sentido del ridículo y la vergüenza no te permiten decir según qué cosas. Es lo que tienen la educación y la vergüenza, las muy puñeteras: que puedes llevar media tarde deseando llegar a casa para intentar follar con tu pareja, sin dar pico en bola en tu faena porque tu mente no logra apartarse del recuerdo de los glúteos excitantemente imperfectos de tu mujer, pero la maldita educación o el exceso de vergüenza no te permiten coger el teléfono, llamarla y decirle, con tu voz más seductora, algo así como: “no descongeles mucha cosa para cenar, cariño, que con el atracón que me voy a dar comiéndote el coño me voy a quedar sin ganas de comer nada más”.

¿Te parece una expresión demasiado brutal? ¿La consideras demasiado soez? Puedes suavizarla, sin duda. Puedes decirle, por ejemplo, “estoy pensando en aquello que te hice el otro día y estoy deseando llegar a casa para volver a hacértelo”. Seguramente eso puede bastar para que ella sepa de qué hablas. Después de todo, no son muchos los cunnilingus que le has realizado últimamente mientras, con tu dedo y un poco de lubricante, estimulabas su ano. A ella le gustó. Sus gemidos al llegar al orgasmo lo corroboraron. Y que le hables de ello telefónicamente seguramente servirá para que, casi sin quererlo, su vagina empiece a humedecerse.

Dirty talk

Y es que, deberías saberlo, el hablar sucio, el dirty talk de los anglófonos, es un fantástico método para alegrar, estimular y hacer más intensa la vida sexual. Un whatsapp picante puede servir para caldear el ambiente y anticipar lo que puede ser un polvo fogoso, pero nada mejor que la voz sensual y empapada de deseo de nuestra pareja hablando sucio para encender nuestros ánimos sexuales y estimular nuestra libido.

Para que ese hablar sucio sea efectivo, lo que se diga debe ser absolutamente sincero. No se puede crear la expectativa, por ejemplo, de realizar un apasionado beso negro para, llegado el momento, echarse atrás; máxime si la persona a la que se lo hemos prometido se excita sólo con imaginar ese momento y lo guarda entre sus esperanzas en trámite de cumplimiento.

En el hablar sucio, lo que se promete se hace. Y lo que decimos que nos gusta que nos hagan es lo que, en verdad, nos gusta recibir sexualmente. Si nuestra pareja, un día, introdujo un dedo dentro de nuestro culo y eso no nos gustó, no utilicemos ese acto como materia para nuestras conversaciones sucias. Si, por el contrario, nos enloqueció aquella manera lenta y delicada de meterse uno de nuestros testículos en la boca, destaquémoslo. “Quiero tener mis cojones dentro de tu boca”, podemos decirle, por ejemplo.

En los primeros tiempos de la lujuria es relativamente sencillo introducir el decir guarradas entre las rutinas sexuales de la pareja. En esa primera fase de la lujuria es en la que empiezan a establecerse las rutinas de comportamiento. Cuando se han compartida muchas luchas por el mando a distancia o se han compartido muchas reuniones en el AMPA, sin que nunca se haya utilizado el decir cochinadas como método de excitación, es mucho más difícil, por ejemplo, recibir una llamada en la que se nos diga “llevo todo el día pensando en tu polla, en lo mucho que me gustaría sentirla dentro de mí”. Es en esta fase mesetaria y casi desértica de la relación sexual en el seno de una pareja de largo recorrido en la que, siendo más difícil, es más necesaria que nunca la introducción de una técnica tan efectiva como económica de estimulación de la libido como es el hablar sucio.

Si formas parte de ese tipo de pareja de largo recorrido y recibes una llamada así de tu media naranja hay algo que nunca, absolutamente nunca, debes hacer: burlarte. O reír. O tomártelo a broma. Quizás no sea tu día más activo sexualmente ni te sientas especialmente motivado o motivada para tener un rato de sexo, pero piensa en el esfuerzo que ha tenido que hacer tu pareja para dar ese paso de dirigirse a ti en los términos en los que lo ha hecho. Tras ese esfuerzo hay un gran deseo por ti y por gozar contigo. Métete eso en tu cabeza y piensa en el contenido de sus palabras y en el rato de placer que te espera.

Las palabras propias del hablar sucio quizás sean más fáciles de pronunciar cuando se está participando en algún juego de rol. El juego de rol erótico es la excusa perfecta para dejarse ir y para pronunciar esas palabras sucias y excitantes que pueden servir para caldear el encuentro sexual. Representa con tu pareja el juego del cliente y la puta. Si jugáis a eso, quizás os sea más fácil saltar la barrera de esa vergüenza. O si representáis el papel del Ama y el esclavo sexual. O si jugáis, como un Antonio Recio cualquiera (ya sabes, el mayorista de pescado de la serie televisiva La que se avecina), al Guardia Civil. Quizás con la excusa del juego puedas decir a tu pareja, sin cortarte un pelo, lo que tiene que meterse en la boca.


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