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Una variación del misionero

En alguna ocasión hemos hablado de cómo la siempre tan injustamente tratada postura del misionero puede enriquecerse con una simple variación. Después de todo, muchas posturas eróticas guardan entre ellas relaciones muy estrechas. Abrir más o menos una pierna, subirlas más o menos, penetrar desde un ángulo o desde otro, incorporarse más o menos durante el coito… cualquier pequeño detalle puede bastar para introducir nuevos matices de placer al placer derivado de la práctica del sexo.

La postura que vamos a proponerte hoy es una de esas fantásticas variaciones que pueden hacerse sobre la base fundamental del misionero. En este caso, el hombre, una vez ha penetrado a la mujer, puede girar sobre el eje de su pene para, lentamente, dar la vuelta sobre la mujer para, finalmente, colocarse al revés, es decir: con su cabeza colocada entre los pies de la mujer.

Este giro que se realiza una vez que ya se ha producido la penetración no es sencillo. Quien desee realizarlo deberá tener un poco de práctica para poder realizarlo correctamente. Para empezar, para realizar este misionero girado se deberá gozar de una erección fuerte y duradera. Sólo partiendo de esa erección fuerte y duradera se podrá realizar ese giro sobre el eje del pene.

Este tipo de postura erótica y el giro que hay que realizar para adoptarla permite que el pene disfrute de un tipo de estimulación muy diferente a la que se realiza cuando la penetración y el coito consistan en el tradicional empujar hacia dentro y hacia fuera.

Para la mujer, el placer derivado de la realización de esta postura erótica puede derivarse, en gran parte, de la contemplación de los esfuerzos de su amante para realizar esta compleja y exigente postura erótica.

La realización de esta postura erótica permite un juego erótico muy sensual y que puede servir para aumentar la excitación de la pareja. Ese juego estimulatorio puede basarse en lamer, besar y chupar los dedos de los pies de la pareja o, también, en pasar las uñas sobre las nalgas del hombre como si se estuviera rastrillando sobre ellas y esas uñas fueran las púas del rastrillo.

El helicóptero

Sobre la anterior postura erótica del giro sobre el eje del pene se puede realizar una variación para dar más protagonismo al papel desempeñado por la mujer en su realización y para poder realizar esa postura erótica casi mítica que es la postura del helicóptero. Para realizar esta versión del giro sobre el eje del pene, el hombre debe colocarse abajo y la mujer encima de él, cara a cara.

Una vez se haya producido la penetración, la mujer, sin dejar que el pene escape del interior de su vagina, deberá girar 180º. A medio camino, la mujer podrá permanecer colocada lateralmente sentada sobre el hombre y, ubicada así, podrá moverse hacia arriba y hacia abajo.

Mientras hace esto, la mujer podrá, así mismo, autoestimularse el clítoris metiendo su propia mano entre sus piernas.

Una vez que la mujer se haya colocado dando la espalda a su pareja ella podrá realizar diversos movimientos. Podrá, por ejemplo, inclinarse hacia atrás mientras, lentamente, hace rotar sus caderas como si intentara dibujar círculos con ellas. Podrá, también, inclinarse hacia delante y, apoyándose con sus manos sobre sus muslos, subir y bajar sobre el eje seguro que erecto del pene de ese hombre que puede limitarse a descansar y disfrutar de las sensaciones que los movimientos de la mujer le procuran.

En este caso, es la mujer la que controla el movimiento y la que elige los ángulos que puede adoptar la penetración. El hombre, desde su cómoda posición, puede optar por acariciar la espalda de la mujer o por estimular tanto sus pechos como sus pezones.

Si la mujer toma la decisión de, ayudándose con los talones o las manos, girar continuamente sobre el eje que marca el pene haciendo que éste permanezca en todo momento dentro de su vagina, estará realizando lo que se conoce como postura erótica del helicóptero, una de esas posturas que gozan de su propia leyenda y que sirven para determinar, en cierta medida, hasta qué punto una mujer puede ser sabia y maestra en las lides del amor.


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