Postura «La torta volteada»

Esta postura no está hecha para cualquiera. Aquí se necesita un chico fuerte y una chica que reúna, a un tiempo, flexibilidad y fuerza. Desde luego, no es una postura creada para todos aquellos que sufran del corazón ni hayan dedicado un tiempo prudencial en labrarse la musculatura en el gimnasio. A ella podemos llegar desde la postura anterior, la que recibe el nombre de “El espectador privilegiado”. Desde dicha postura, el hombre separará una de sus rodillas de la cama, elevará la pierna y plantará la planta del pie sobre la cama. Mientras tanto intentará sujetar firmemente la cintura de su pareja. La sujeción debe ser lo suficientemente firme como para impedir que se pierda la penetración. Las manos de la chica, mientras tanto, deben permanecer abiertas sobre la cama. Hay que entender que, cuando el chico estire ambas piernas y se coloque de pie, ella quedará colgando, y esas manos servirán de sujeción para que no se produzca el descolgamiento que anule y acabe con la penetración.

El arqueamiento de la espalda de la chica y la elevación de sus caderas debe permitir que el chico penetre suavemente en ella. Él sujetando la cintura de ella fuertemente con sus manos y ella enroscando sus piernas alrededor de la cintura de él mientras se sostiene con las manos sobre la cama. Así deben sujetarse y recostarse para llevar a buen término la postura.

Otro modo de llegar a esta postura es llegar a ella desde la posición de pie. El hombre, de pie, alza a la mujer con sus brazos y la eleva hasta sus genitales estén a la altura adecuada para que él pueda penetrar a la mujer. Cuando lo haya hecho, la mujer se soltará del cuello del hombre (habrá pasado anteriormente sus brazos alrededor de él para permitir que el hombre no tuviera que hacer toda la fuerza con sus brazos para sostenerla durante la penetración) y, una vez suelta de él, se descolgará hacia atrás hasta colocar sus manos en el suelo o en la cama, dependiendo de en qué lugar estén ubicados.

Sensaciones de la postura para la mujer

Para la mujer, esta postura erótica requiere el tener que hacer un alarde de su estado físico. Para llevarla a cabo, hombre y mujer deben confiar el uno en el otro y estar a tono físicamente. Esto puede dar lugar, a la larga, a un orgasmo intensísimo. El flujo sanguíneo en su cabeza y la estimulación especial del punto G harán que sea así. Es cierto que esta postura requiere una buena cantidad de esfuerzo, pero el premio al mismo es un magnífico e inolvidable orgasmo.

Sensaciones de la postura para el hombre

Esta es una postura ideal para presumir y hacer alarde del poderío físico del macho, pero es probable que ni el hombre ni la mujer estén, de buenas a primeras, listos para realizar una postura que requiere tanta fuerza y tanta agilidad. Quizás sería preciso ensayar antes con otras más sencillas o incluso propinarse unas cuantas sesiones de gimnasio para fortalecer los antebrazos antes de arriesgarse a que la chica se caiga en plena penetración.

Hay que tener en cuenta, también, que este ángulo de penetración acorta la vagina y al hombre puede darle la sensación de “llenar más coño”. Esa sensación, y la de sentir cómo algo presiona a su pene hacia abajo, será la primordial que el hombre sentirá mientras practique “La tarta volteada”.