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penetración

Posturas eróticas para tener sexo de espaldas

Habitualmente se dice que las posturas eróticas que permiten que los amantes se miren a la cara son especialmente excitantes porque ambos pueden comprobar en los ojos y los gestos del otro el placer que está experimentando (lo que resulta muy afrodisíaco). Pero hay otro tipo de posturas eróticas, concretamente las posturas eróticas de espaldas, que también resultan altamente excitantes. De ellas y de sus virtudes vamos a hablar en este artículo.

La postura del culeo

La postura erótica que vamos a proponer hoy no es una postura sencilla, especialmente para la mujer, que deberá poseer una flexibilidad especial para poder ejecutarla. El nombre de esta postura es «el culeo», término de resonancias latinoamericanas que hace referencia al acto mismo de practicar el coito. Conoce las virtudes de esta postura sexual y cómo realizarla.

Cinco posturas más o menos sencillas para tener sexo de pie

En algunas ocasiones es porque se desea experimentar. En otras, porque no queda más remedio: el espacio impone sus restricciones y no hay otra manera que hacerlo de pie. Nos referimos al sexo, claro. El sexo de pie es divertido y muy sensual. Hay en él algo de pasión desbocada, de deseo que no puede contenerse ni aplazarse, de entrega a lo primario. En este artículo te proponemos cinco posturas eróticas no demasiado complicadas para tener sexo de pie.

La postura del abrazo del panda

La postura erótica que vamos a recomendar en este artículo de EroticaFactory, el abrazo del panda, es una postura ideal para retardar la eyaculación. En ella, el hombre actúa como sujeto activo mientras que la mujer adopta un papel más pasivo. Las maravillosas vistas de las que el hombre goza durante su práctica son algunas de las principales características a favor de esta postura erótica que, como otras, debe practicarse con cuidado para evitar una lesión.

El arte de alternar penetraciones

Más allá de a la tesitura de escoger una determinada postura erótica para disfrutar de la relación sexual (algo que, lógicamente, debe escogerse en pareja y de manera consensuada), el amante debe enfrentarse a la de escoger una determinada forma de penetración. En este artículo de EroticaFactory queremos recomendarte una forma de penetración alabada durante siglos por los seguidores del sexo tántrico: la de alternar las penetraciones.

Dos parejas muy bien avenidas (2ª Parte)

Lo primero que distinguí desde la puerta entreabierta del salón fue el culo desnudo y perfectamente reconocible de mi mujer. Lo hubiera distinguido entre un millar de culos. No en vano lo había lamido un sinfín de veces y había entrado en él otras tantas. Siempre me había gustado su acogedora estrechez, el modo de palpitar alrededor de mi polla cuando lo penetraba.

Dos parejas muy bien avenidas

-Sí, sí, sí, lléname el culo, rómpemelo, métemela hasta dentro- me dice Edurne, y esa voz pespunteada de gemidos que suplica la sodomía, que la implora, que la exige, compaginada con el gesto obsceno que se dibuja en el rostro de mi mujer me lleva al borde mismo de un orgasmo que no puedo reprimir, que me puede, que me empuja a sacarla del culo de Edurne y a derramarme sobre sus nalgas y su espalda mientras Víctor, con la polla ya fuera de la boca de mi mujer, vacía su lechada sobre el pecho de ésta.

La confesión de la maestra ( y VIII)

Quien piense que R es sólo un adolescente que se trague sus escrúpulos morales y que, por una vez en la vida, se vaya con él a la cama. Si es una mujer, que se deje llevar por R. Que no diga que no si R quiere metérsela en la boca. Que no se niegue a sentir en su ano la lengua juguetona de R. Que no se sorprenda si la boca de R pone su coño en ebullición. Y si es un hombre, que tome buena nota.

La confesión de la maestra (VII)

Clavé entonces mis dedos en las nalgas de R y, empujando con todas mis fuerzas con la pelvis, hice que su polla chocara contra lo más hondo de mi coño. Ese golpe hizo que me estremeciera entera y, de nuevo, sentí esa oleada de fuego que antecede al placer recorriéndome de la cabeza a los pies.

La confesión de la maestra (III)

Habíamos llegado a ser, en cierto modo, los amantes perfectos. Nos intuíamos. Sabíamos lo que el otro necesitaba en cada momento: tomábamos y cedíamos el control de la situación sin necesidad de pronunciar una sola palabra, las pieles parecían hablar el mismo idioma, los cuerpos parecían conocerse a la perfección. Así, tan pronto era él quien tomaba la iniciativa de ponerme a cuatro patas para lamerme el coño mientras metía uno de sus dedos en mi culo como era yo quien lo obligaba a tumbarse boca arriba para mordisquearle los cojones…

La confesión de la maestra (II)

Habíamos llegado a ser, en cierto modo, los amantes perfectos. Nos intuíamos. Sabíamos lo que el otro necesitaba en cada momento: tomábamos y cedíamos el control de la situación sin necesidad de pronunciar una sola palabra, las pieles parecían hablar el mismo idioma, los cuerpos parecían conocerse a la perfección. Así, tan pronto era él quien tomaba la iniciativa de ponerme a cuatro patas para lamerme el coño mientras metía uno de sus dedos en mi culo como era yo quien lo obligaba a tumbarse boca arriba para mordisquearle los cojones…